El pueblo, los pueblos,
en este siglo XXI, con fronteras y espacios definidos
(pretopo,blogspot.com)¿desde cuando?
¿desde 1948, desde 1989, desde 2000, ,,? nuevos conflictos
desde 2023, 2025, desde boom inmigratorio,
además de catástrofes naturales, mapamundi del horror,
nadie, o al menos, servidora, entiende bien a los políticos.
Sería agradable el fin de estos conflictos
y planes de bienestar mundial , nuestro globo, el de todos,
Se enfrenta a analfabetismo del tercer mundo
A sequías, inundaciones, huracanes, terremotos,
a miopía religiosa, mal entendida, falsas religiones, otras codiciosas, de raza,a vandalismo
a un machismo tremebundo, que no baja del burro,
Legalizar la prostitución, la pederastía, es como una declaración de diábolica obnubilación
la prostitución sagrada, una secta prohibida, la pederastia fardoneada, un crimen de primer grado.
¿Qué nueva geopolítica nos espera ciudadanos?
Prope (Una aficionada) 09/12/2025
Transcribo el último capítulo de la novela de John Dos Pasos "El número uno" por que me ha parecido preciosa y me apetece compartirla.
y a ver si los numeros unos se estiran y son generosos con sus patentes, de su mundo extraordinario.
"Cuando te pones a buscarlo,
al final el pueblo es,
ese viejo con los nudillos sucios de tiza que vende lápices en una esquina ventosa; el niño sudoroso con mugre detrás de las orejas que corre cargado con el pesado paquete de periódicos vespertinos; la chica con prisa por volver a casa después de trabajar diez horas en unos grandes almacenes, que levanta el bolso de charol para parar el tranvía; el joven con cara de zorro que lleva una tartera bajo el brazo y se apresura para llegar a su trabajo en el turno de noche; el pelirrojo al que acaban de ascender a comandante, que va sentado muy tieso en el asiento trasero de un taxi deseando llegar al bar de copas donde ha quedado a las cinco y cuarto con la joven con la que va a casarse antes de Navidad; el preso en libertad condicional que arrastra los pies con los hombros encorvados sin despegar los ojos del bordillo, la rolliza madre de muchos hijos que espera el autobús, ha ido de compras, tiene las piernas hinchadas, una carrera en la media, los brazos cargados de paquetes y va tirando de dos mocosos; cuando te pones a buscarlo, el pueblo es una pirámide de mil caras que se mantiene en precario equilibrio sobre todas y cada una de ellas:
tornero, soldador, aprendiz, mecànico, archivero, guardafrenos, encargado de montacargas de una mina, abogado, cocinero, empleada de un salón de belleza, médico, barbero, técnico de reparación de radios, conductor de camión, aparejador, relojero, marinero, fundidor, bracero, comprobador, o el hombre grueso con el traje de tweed marrón y el pelo gris rizado sobre las orejas que engulle una tortilla en el restaurante del Senado o el poítico larguirucho de una zona ganadera que tiende la mano mientras sale por la puerta giratoria del edificio del Congreso; o el miembro de un grupo de presión que pide las copas con ojos desencajados y mejillas caídas en un salón de baile; o el taciturno ganadero que quiere vender ternera y se abre paso entre la multitud arremolinada en torno a los supermercadosl, los almacenes y las verdulerías de la capital del distrito un sábado por la noche, atascado en la acera por los camiones alineados, las yuntas de las mulas, los coches viejos salpicados de arcilla; o el joven gallito habitual de los burdeles que saca pecho y mete barriga con un traje de baño de color azul celeteste entre los chicos y chicas bronceados y tumbados en la arena un domingo soleado en la playa; o la anciana extrangera cubierta con un chal que espera con ojos enrojecidos junto a otras mujeres igual de silenciosas al otro lado de la alta valla de tela metálica a la entrada del pozo cuando se produce un accidente en la mina;
o el jefe que nos mira con ojos iracundos y los puños apoyados en su escritorio dispuesto a hacérnoslas pasar canutas;
el pueblo es todo el mundo
y un hombre solo;
los sentidos que empiezan en la delicada tracería de las yemas de los dedos, la tensión en los tímpanos, el enfoque de los ojos, las señales que van y vienen por los nervios envainados, el número inconmensurable de recuerdos, palabras hechas de viento, sonidos, olores, aromas que resucitan sentimientos, necesidades, oleadas de deseo,
todo lo que compone las circuncoluciones del cerebro esculpidas por el tiempo, que ¿donde empiezan y terminan?
todas las vidas en una red de vidas;
vecinos, esposas, niños, el cartero que llama a la puerta de al lado, la mujer que se afana en la cocina, el hombre con un puesto importante:
tan débil como el que más, tan fuete como el que más,
el pueblo es la república,
el pueblo eres tú.
Este libro , editado en 1943, lo conseguí en una biblioteca pública de Hospitalet de Llobregat y tengo que devolverlo el día 15/12/2025.
Todo lo mejor no está sólo en las nuevas publicaciones.








